¿Megalomanía en México?

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Pedro Arturo Aguirre en su libro “Historia mundial de la megalomanía”, refiere algunas características de la personalidad de los líderes megalómanos desde un plano psicológico, analizadas particularmente por Erich Fromm: “narcisismo, necrofilia (contrario a la biofilia, según Fromm), egolatría, trastorno bipolar, verborragia, “mandato distorsionado del placer” (Lacan), delirio de grandeza, mesianismo, egoísmo, histrionismo, anhelo de inmortalidad, indiferencia ante el sufrimiento de sus semejantes y un instinto infalible para adaptarse a los nuevos tiempos, incluyendo las últimas tecnologías (Mussolini se valió del cine, Hugo Chávez usaba twitter a diario…)”.

Posteriormente, el autor puntualiza la existencia de un común denominador que comparten los políticos megalómanos, que es un storytelling fundado en un andamiaje moral con un relato personal que agrada y conmueve a sus seguidores: La imagen del padre protector con sus hijos. 

En sí, la imagen del “padre protector” puede llegar a ser muy positiva. Por ejemplo, Simon Sinek utiliza esta alegoría para referirse a los líderes empresariales que deberían generar un círculo de confianza tal con sus trabajadores, que al tratarlos como a sus propios hijos y no como empleados les generaría resultados económicos y humanos mucho más rentables para su empresa. Pero esto está pensado en un plano en donde los jefes asumen su responsabilidad y donde existe confianza entre los empleados y los altos mandos. Es un contexto donde además el trabajo es remunerado y a fin de cuentas ciertos requisitos deben ser cumplidos para formar parte de este “círculo de confianza empresarial”.

Sin embargo, en política, la confianza se gana de un modo distinto y siempre con el objetivo de posicionarse en el poder. Cuando existe una relación político-ciudadano, la manera mas eficaz de obtener la confianza de las personas es haciéndoles creer que el político comparte sus mismos intereses y que los enemigos del pueblo (la corrupción, la impunidad, el partido hegemónico, la pobreza, etc.) son sus propios enemigos también. Es decir, la ciudadanía entra en un círculo de confianza política cuando un líder carismático, con credibilidad y una “noble causa” logra convencerlos de que es la mejor opción.

El problema con el círculo de confianza política radica en su fin. La finalidad de cualquier candidato es en principio ganar elecciones, para luego asegurar su permanencia en el poder. Y para esto sabemos que los políticos son capaces de mentir, actuar y seducir a quien se les cruce en el camino.

De lo anterior, podemos distinguir que en México tenemos políticos “omnipotentes”, que en redes sociales y medios de comunicación promueven una imagen de liderazgo político activo y responsable, en donde asumen siempre como “suyos” los logros de su administración, para luego desentenderse o responsabilizar a otros de los fracasos y corruptelas. Estos políticos están dispuestos a lanzar al fuego a su propia gente con tal de que su imagen permanezca intacta.

También tenemos políticos mesiánicos, que han llegado al poder para “acabar con la corrupción, con los antiguos manejos, con los enemigos del pueblo”. Tenemos un auto proclamado “Presidente Legítimo”, tenemos a los que han hecho campañas sin dinero público y a los austeros que gastan un dineral en promocionar su “austeridad”. Todos ellos en algún momento se adaptaron a las expectativas de la ciudadanía y prometieron cumplirlas.

Es por esto que es muy importante que el ciudadano no otorgue un voto de confianza ciega. Debemos siempre fungir como vigilantes de la autoridad. Porque bien dicen: “Si quieres conocer la esencia de una persona, dale poder”, surgen sorpresas.

Tengamos presente que nuestro hartazgo político no justifica el voto irresponsable o el abstencionismo electoral. Es responsabilidad de todos hacer que los mejores lleguen al poder, los más genuinos, los que generen mejores resultados. Y si es necesario hagámoslo utilizando el voto de castigo. Si no somos nosotros los ciudadanos quienes finalmente, en un sistema democrático evaluamos a conciencia los resultados de los gobernantes, estamos condenados a seguir eligiendo representantes que nos “hablan bonito” y nos convencen de entrar en la simulación de este círculo de confianza política. Ya lo dijo Sartori, la “maquinaria” de la democracia es muy buena, el problema en muchas ocasiones radica en los “maquinistas”, los ciudadanos.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
Guadalajara, Jal.
Twitter: @glaperezm
e-mail: gperezm@live.com.mx

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