Opinión

D.E.P. Giovanni Sartori

Sartori

Me entristece la muerte de Sartori por diversas razones.

En principio porque para los politólogos y profesionales de las Ciencias Sociales, era el referente principal de la ciencia política contemporánea, un gran pensador, catedrático y sociólogo distinguido.
Pero lo que más me pesa en lo personal, es que se van poco a poco figuras que podríamos llegar a considerar “irremplazables”, y a la vez, hay menos o pocas “nuevas promesas” que los releven, pupilos que aspiren a superar al maestro. Gente de ciencia, de academia, de causa social. Sartori deja una interesante reflexión para las Ciencias Sociales: urge que formemos más pensadores, más críticos, más defensores de la democracia. El panorama no es alentador, y este es uno de los más grandes retos.

D.E.P., el pensador, autor, politólogo, sociólogo, teórico, defensor, periodista: Giovanni Sartori.

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Es la economía, estúpido

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El desconcierto luego de que se diera a conocer que el Presidente número 45 de los Estados Unidos sería Donald J. Trump fue avasallante. Los medios de comunicación en México, y en el resto de los países del mundo no cabían en su asombro. Los trackings y sondeos pronosticaron un panorama completamente distinto, daban a Clinton una ventaja de entre 4 y 6 puntos en la intención de voto. Entonces ¿Qué fue lo que pasó? Vamos por partes.

1.- Los grandes perdedores de la elección: las encuestadoras y los ciudadanos

Todos los medios serios en Estados Unidos, así como la gran mayoría de los medios internacionales proyectaron un escenario electoral con Clinton como vencedora en la contienda con un estrecho margen de diferencia con Trump. Pero una vez más, las encuestas fallan ante los ojos del mundo, lo mismo sucedió con el Brexit y con el referendo por la paz en Colombia.  No es sencillo explicar este margen crucial de error que tuvieron casi todas las casas encuestadoras en estas elecciones, tiene que ver con una intención de voto oculta, tiene que ver con la metodología utilizada para obtener las respuestas con cuestionarios disfuncionales para los contextos políticos actuales, tiene que ver con el muestreo y con la premura con la que se publican la mayoría de los hallazgos, tiene que ver con el prestigio de las casas encuestadoras, con los medios que publican las encuestas, con quien paga los sondeos… Es por demás un fenómeno que requiere estudiarse a detalle y que sin duda derivará en la pérdida de credibilidad de estos pronósticos.
Otro hecho es que los votos a favor del cierre de fronteras, del proteccionismo económico, de las rupturas diplomáticas, y por supuesto, del populismo detrás de Trump, lejos de traer resultados “de cambio”, conllevan a panoramas políticos y económicos inciertos e inestables y con esto, los principales perdedores son los ciudadanos.

2.- La Maquinaria es buena, el problema son los maquinistas

Muchos atribuyen este resultado a un debilitamiento en las democracias modernas, a una crisis democrática. Esto es parcialmente cierto. Institucionalmente, la democracia es un sistema que a lo largo de 2000 años se ha venido puliendo y adaptando a la evolución de las sociedades. Es un sistema que en la teoría carece de fallas estructurales, el problema radica en que los pesos y contrapesos que las democracias modernas requieren, son ficticios. En la participación ciudadana por ejemplo, no existe un involucramiento constante de la ciudadanía en los fenómenos políticos del día a día.

En Estados Unidos, el periodismo crítico tampoco hizo su trabajo. No informaron a la gente clara y oportunamente sobre las implicaciones reales que traería consigo elegir a un demagogo sin un plan político estructurado como el próximo Presidente. Los ciudadanos americanos se guiaron por el discurso antisistémico y por el miedo. No se les dotó de herramientas cognitivas suficientes para comprender las consecuencias de elegir a Trump en su país y en el resto del mundo.

En síntesis, la maquinaria de la democracia es buena, el problema radica en los “maquinistas”, o sea en sus actores.

3.- Es la economía, estúpido

Fue en la elección de 1992 en Estados Unidos, cuando James Carville popularizó la frase “It’s the economy, stupid” (Es la economía, estúpido). El prestigiado estratega de la campaña de Bill Clinton, creó esta frase para dirigirse enfáticamente al mensaje rector de su campaña: La economía. Mensaje al que había que alinear la comunicación del candidato en todo momento y en todos los medios. En ese tiempo el país sufría una fuerte recesión económica producida por la Guerra del Golfo, por lo que la economía dolía mucho entre los ciudadanos. Esa fue la marca de la campaña, ese fue el mensaje principal, ahí dirigieron los esfuerzos y Clinton ganó la contienda.

Hoy nos encontramos en el mundo ante un panorama de una profunda desigualdad económica. La distribución del ingreso es insultante. Ha producido una gran inconformidad social y un hartazgo común que se ha canalizado en contra de los primeros responsables a señalar: los gobiernos. De ahí el segundo común denominador entre Brexit, referendo en Colombia y Trump Presidente, el estancamiento de la economía de la clase media trabajadora.

Ante un escenario donde la remuneración de muchos los trabajadores hoy es menor que hace algunos años, con menos prestaciones, en un contexto donde las  grandes plantas que ofertan trabajo se trasladan a otros países donde la mano de obra es más barata, o simplemente donde la tecnología ha suplido el trabajo de cientos de obreros, lo más sencillo para el ciudadano es culpar al gobierno y a la oleada de inmigrantes que “amenaza” con acaparar los pocos empleos dignos que ofrece el país.

Es por esto que incluso muchos latinos resienten la llegada de más inmigración. Temen por sus trabajos, por más precarios que éstos sean. A nadie le gusta que le toquen el bolsillo. A nadie le gusta el estancamiento económico. Y los castigados de hoy, ante esta enorme brecha de desigualdad están siendo los gobernantes, el status quo, el establishment o como lo quieran llamar.

4.- La educación cívica

Una de las grandes críticas a los referendos, es que obligan al ciudadano promedio a sintetizar fenómenos políticos demasiado complejos en un simple “si” o un “no”. Cuando estos ciudadanos carecen de las herramientas cognitivas necesarias para tomar la mejor decisión para el bienestar de la mayoría, es precisamente cuando se toman las peores decisiones. Analicen la radiografía del votante que favoreció al Brexit, al “no” en Colombia, a Rajoy y a Trump.

No logramos terminar de entender que la democracia no se limita exclusivamente a las elecciones. Vivir en una democracia funcional, implica participar constantemente en los asuntos públicos. Implica participar activamente durante el periodo de gestión del gobierno en turno, generando movimientos sociales que funcionen como contrapeso a las arbitrariedades, a la corrupción, al desvío de recursos, etcétera.

Pensar que “toda mi participación ciudadana” se reduce a castigar a los gobiernos en una elección es ignorante, es destructivo. Creer que habrá una persona como Trump que llegue a poner orden por sí solo a un país con tantos fenómenos sociales, demográficos, económicos y políticos tan complejos es ingenuo. Mentalidades así son las que le abren la puerta a los nuevos populismos.

5.- El voto emocional y el populismo

Trump trasladó la telepolítica al terreno de las campañas. Fue un showman llamando la atención del mundo. Eso fue muy ingenioso. Navegando en el terreno de lo políticamente incorrecto, él y su equipo de campaña sabían que su discurso despertó en sus simpatizantes un sentimiento que por mucho tiempo permaneció oculto. Hablaron de lo que nadie se atrevía a hablar en público, utilizaron el mismo lenguaje coloquial de su público objetivo, armaron muy bien al personaje de Trump, este outsider, antipolítico y hábil empresario que venía a acabar de una vez por todas con el establishment. Y sin duda en su narrativa precisaron también muy finamente a su villano.

El discurso antisistémico de Trump que canalizó un sentimiento de miedo de la gente a seguir con más de lo mismo, con las mismas oportunidades, con los mismos empleos, con la misma economía pudo más a la hora de votar. La retórica de Trump movía también, sentimientos racistas, antimigrantes, de exclusión a las minorías. Propuso imponer un pseudo nacionalismo imperialista como solución de tantos y tan delicados temas, sin mayor sustento ni estructura. Trump vendió demagogia, vendió populismo y más de la mitad de los votantes decidieron comprar su discurso.

Aquí es donde debemos tener mucho cuidado los mexicanos. La  fricción generada ante las consecuencias del neoliberalismo en el mundo, están preparando el entorno perfecto para la insurgencia de candidatos populistas y ningún país está exento. En Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos y Latinoamérica, han surgido ya estas figuras. Más nos vale aprender de los errores del país vecino y de los errores de otras naciones antes de que aquí sea demasiado tarde.

Gladys F. Pérez Martínez
Guadalajara, Jal.
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UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL AL ITESO

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Como saben, Literia ha sido nominado en la categoría de “Mejor Blog Político del Año” en los Victory Awards de 2016. Es para mí un gran honor el simple hecho de haber sido considerada como finalista en este prestigioso galardón internacional de la consultoría y la comunicación política.

Hoy quiero tomarme el tiempo para agradecer a través de este medio a cada una de las 2988 personas que se dieron el espacio para leer este Blog, que se informaron sobre el certamen y que fueron un apoyo importantísimo en la campaña para conseguir los “Likes” que con mucha fe creo que nos llevarán con el primer lugar a la premiación en Washington.

Y sobre todo, quiero aprovechar este espacio para agradecer a mi alma mater, el ITESO, institución de la cual, desde hace un par de años soy egresada de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública. Siempre conocí y viví el apoyo y la calidad humana de las personas que hacen de esta Universidad, una de las mejores de México no solo por su nivel educativo, sino por la calidez y la bondad de su gente.

Gracias infinitas a todos ustedes, mis amigos.

Gladys Fabiola Pérez Martínez.

Del Neoliberalismo a la Democracia de Espectadores

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La especial inteligencia del régimen neoliberal, según el filósofo Byung-Chul Han, radica en la idea de que quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento, se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de cuestionar las fallas sustanciales de su contexto o del sistema. Por lo tanto, el neoliberalismo no permite, según Han, que surja resistencia alguna contra el sistema. Este autor afirma de igual manera, que el neoliberalismo instituye entre los individuos una rivalidad interminable, a modo de sana competición.

Hoy en día es muy común tener la aspiración de llegar a ser el trabajador que se explota a sí mismo, de querer llegar a ser “mi propio jefe”. Se busca ser el empresario que no le rinde cuentas a nadie más que su propio patrimonio, el empresario “libre” e “independiente” de hacer con su tiempo lo que desee.

El problema con este tipo de aspiraciones individualistas, a la par de otros efectos del neoliberalismo como es el consumismo, la incertidumbre laboral y económica, la era de la comunicación digital, etcétera, es que aíslan a las personas en la esfera de lo privado, las segregan en una zona segura.

La psicopolítica en este sentido es muy interesante, y es que nos ha brindado una serie de lecciones sobre cómo el ser humano es capaz de habituar su estilo de vida, sus rutinas, su biología, sus metas y expectativas al sistema rector. En el siglo XIX, el proletariado era la clase trabajadora explotada por la sociedad industrial, donde separados eran oprimidos, pero unidos eran capaces de empoderarse a tal grado de revertir el juego de poder de sus opresores. En la actualidad pocos se auto-asumen como explotados por el neoliberalismo, simplemente hay víctimas de sus circunstancias, no existe empoderamiento social porque no hay unidad, cada vez hay menos solidaridad.

Desenvolverse en la esfera de lo privado implica pasar a un segundo plano la esfera de lo público. Cuando el ser humano pierde contacto con su comunidad, con quiénes le rodean, su aislamiento le impide ver por otros, ya no le interesa el bien común. Es por esto que en la política actual, tenemos por ejemplo, a una gran cantidad de votantes con hábitos de consumidores. Ciudadanos que carecen de un interés genuino por la acción política común. Ahora la mayoría de los ciudadanos reaccionan a la política como si fuera una mercancía, como si el único deber de los políticos fuera proveer y satisfacer sus necesidades específicas, sino ¿para qué votaron por ellos?

Y es en este punto donde se puede llegar a tergiversar el concepto de participación ciudadana por muchos. Porque desde una perspectiva individualista y de ciudadanos consumidores, la participación se da en la forma de reclamos y quejas, sin propuestas sustanciales. Se vive bajo la lógica de la atención al cliente, si un servicio no cumple con mis expectativas, entonces no funciona.

Lo importante es que entendamos que los grandes cambios a través de la Historia jamás se han dado en sociedades segregadas, siempre ha habido una lucha constante detrás y el esfuerzo y el trabajo de comunidades unidas que finalmente rinden frutos. No basta con querer un cambio de gobierno, porque bajo esta lógica individualista en la que muchos viven, nunca habrá una figura lo suficientemente buena para llenar sus expectativas.

Byung-Chul Han asegura que en este entorno neoliberal, donde el sistema está blindado de la resistencia, donde la Big Data nos da una calidad estadística en vez de humana, y donde la comunicación digital nos aísla y nos distrae del presente, la democracia se ha reducido a ser una democracia de espectadores. Es por esto que quienes pretendan ser ciudadanos responsables, deben estar conscientes de que la política actual requiere de personas más solidarias, incluyentes, informadas, participativas y proactivas, pero sobre todo que trabajen en comunidad y para la comunidad.

Los revolucionarios no hacen revoluciones. Los revolucionarios son aquellos que saben que el poder está en las calles y lo pueden levantar. Hannah Arendt.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
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El Presidente Ilegítimo

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Un factor clave para que la gobernanza y la gobernabilidad prevalezcan en los gobiernos es la legitimidad. Es decir, para poder llegar a tener un gobierno eficaz que logre mantener el orden público, debe existir un consenso social con respecto al modo y la forma en que estos gobiernos llevan a cabo sus políticas públicas.

Por lo tanto, no es exagerado afirmar que actualmente muchos gobiernos –incluido el mexicano-, tienen una crisis de gobernanza, gobernabilidad pero sobre todo de legitimidad política.

Para Bobbio, la legitimidad en su significado más específico es:

“(…)el atributo del Estado que consiste en la existencia en una parte relevante de la población de un grado de consenso tal que asegure la obediencia sin que sea necesario, salvo en casos marginales, recurrir a la fuerza. Por tanto, todo poder trata de ganarse el consenso para que se le reconozca como legítimo(…)”.

En este sentido más sociológico que jurídico, la legitimidad es la herramienta de mayor relevancia para que cualquier gobierno en turno pueda llevar a cabo con eficacia sus decisiones políticas.

Para lograr consolidar un gobierno legítimo, se requiere en principio entablar vías de inclusión social. Entendamos que la inclusión social no significa hacer partícipe de todas las decisiones políticas a todos los ciudadanos en todo momento, para esto se votan representantes. Sin embargo, la inclusión social es la apertura y disposición que dichos representantes electos deberían tener con las opiniones y sugerencias de los ciudadanos.

Políticamente América Latina ha llegado a dos extremos muy evidentes en la forma de gobernar: la tecnocracia y el populismo.

Por un lado tenemos la vista gorda de Presidentes como Peña, en donde se cree que la solución de su país es la implementación de “grandes reformas”, reformas técnicas, fundamentadas en estudios y avaladas por expertos, pero que carecen de la aprobación de gran parte de la ciudadanía. Ahí tenemos la Reforma Hacendaria, un rotundo fracaso de aceptación social.

Y en el otro extremo, tenemos a los políticos populistas –también en México-, en quienes recae la esperanza y aceptación ciega de la gente para mejorar la situación de su ciudad o de su distrito, pero que carecen de un plan estructural, una ideología definida o una estrategia para gobernar a largo plazo. Simplemente cuentan con su carisma y los votos de confianza, lo que simboliza un peligro latente puesto que de no apegarse a un modelo de gobierno previamente establecido, reglamentado y aprobado por la ciudadanía, pueden llegar a tomar decisiones individualistas a la hora de tomar decisiones públicas. Decisiones tan individualistas que de ser llevadas al extremo pueden llegar a atentar contra la libertad y la voluntad popular tal como lo hicieron Maduro o Correa en Latinoamérica.

Lo que muchos países necesitan urgentemente es proporcionar vías efectivas de participación ciudadana. Deben también darse el tiempo para justificar las razones de la toma de decisiones públicas. No basta con hacer un ejercicio de simulación de participación ciudadana en donde el gobierno termina haciendo lo que le place. El ciudadano es la razón de ser de los gobiernos y hasta que no se les otorgue la importancia que merecen y los medios necesarios para incidir en la política de su país, no habrá legitimidad sino crisis. Crisis de gobernabilidad y crisis de gobernanza.

El problema es que quienes están en el poder muchas veces olvidan que la legitimidad debe ser genérica y no exclusiva de sus simpatizantes. Por esto, gran parte de los Presidentes concluyen sus gobiernos con bajísimos índices de aprobación ciudadana. Ningún político por el hecho de ganar una elección cuenta automáticamente con un gobierno legítimo. Es legítimo ante quienes lo votaron, ante quienes comparten sus ideales políticos o militan en su partido. Porque para construir legitimidad se requiere de disposición, de inclusión, de estar atento a las necesidades reales de la población.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
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¿Quién es la chingada?

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En “El laberinto de la soledad”, Octavio Paz describe minuciosamente las distintas acepciones que el mexicano utiliza para referirse a la expresión de “la chingada”. La definición que obtuvo mi mayor interés para el propósito de mi reflexión de hoy fue la siguiente:

 “¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la “sufrida madre mexicana” que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre…”.

Detrás de esta definición de “la chingada”, se puede observar que existe toda una connotación de victimismo y de sufrimiento. Y es aquí donde me gustaría centrar su atención.

El día de hoy vi una “Ted Talk” impartida por Emiliano Salinas, hijo del ex Presidente de México Carlos Salinas de Gortari. Lejos de politizar su charla, logró conmover y persuadir a su audiencia puesto que la temática que expuso era meramente social. El tema que planteó Emiliano era sobre el papel que debería llevar a cabo la sociedad mexicana ante la violencia que vivimos en la actualidad. En esta plática, nos dice que el verdadero problema que tenemos en México es que la mayoría de nosotros nos ASUMIMOS como VÍCTIMAS de nuestras circunstancias. Y afirma que hemos sido un país de víctimas a lo largo de la historia: víctimas de España, víctimas de Francia, víctimas del Porfiriato, víctimas del PRI, víctimas del narco, víctimas de la corrupción, etc.

Y en relación a lo anterior, propone el reto de transformarnos de ser una sociedad victimizada a comenzar a ser una sociedad responsable y participativa en los asuntos públicos; esto quitándonos el MIEDO inherente al victimismo que padecemos como sociedad y comenzando a tomar acciones concretas, unidos en contra de la delincuencia y cualquier tipo de violencia o atropello social.

Es muy cierto que el miedo en muchas ocasiones nos mueve a tomar acciones, y lo ideal en este caso es que estas acciones se den de una forma pacífica y organizada. Me parece que la intención de Emiliano con esta Ted Talk, era motivar a su audiencia para organizarse y utilizar a su favor el miedo natural con el que se vive en México debido a la delincuencia y la corrupción que nos rodean, para comenzar a tomar acciones propositivas desde nuestras esferas de acción más personales. “Seamos el cambio que queremos ver”.

No obstante, veo importante el hecho de profundizar más en la raíz del problema de la victimización, y es que quienes se asumen “víctimas” de sus circunstancias, automáticamente se deslindan de la responsabilidad de lo que les atañe puesto que, las víctimas sufren de un mal que les hace un TERCERO… y lo escuchamos prácticamente a diario: “Todo es culpa de Peña Nieto y sus reformas”, “por ESO estamos como estamos”, “Nos mienten”, “nos roban”, “¿para qué? Si todos son iguales”…Este modo de vida es en pocas palabras, una oda a la chingada.

Ahora, cuando una persona es consciente de esta situación lo más sensato es que tome acción, y que comience a vivir al margen de este miedo. Es verdad que en un país como México es un peligro latente ir en contra del miedo…salir a manifestarse es un peligro, escribir en la prensa en un peligro, vivir en ciertas zonas es un peligro, ser detenidos por la propia policía es un peligro. Pero la realidad es que nos quedan de dos sopas: O asumir el miedo y seguir victimizándonos y echando culpas ó vivir responsabilizándonos de nuestro entorno, dejando a un lado el miedo y alentando con nuestro ejemplo a otros para que nuestras causas incidan positivamente y se cimienten en nuestra sociedad.

Bien citó Salinas al poeta Juvenal:

“El mayor crimen es preferir la vida al honor, y por vivir la vida, perder la razón de vivir”.

Gladys Fabiola Pérez Martínez.
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Sobre el pánico escénico

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El pánico escénico es un estado de inhibición que afecta la intención comunicacional de las personas. Éste estado es sin duda un gran inconveniente para cualquier individuo que lo padece, puesto que al ser seres sociales nos vemos obligados en diversas ocasiones de nuestras vidas cotidianas a hablar en público: en la escuela, funerales, juntas de trabajo, debates, etc.

En el libro de La comunicación no verbal de Flora Davis, la autora menciona que desde un análisis etológico, es natural que el ser humano reaccione instintivamente a situaciones donde se le observa fijamente. Esto en relación a la herencia biológica que tenemos del comportamiento de los primates. Es decir, si entendemos que el lugar al que mira una persona es el lugar que acapara su atención, entonces cuando un hombre (o un mono) mira fijamente a otro, indica que su atención está concentrada en él, pero no da señales de cuáles sean sus intenciones y esto es suficiente para poner en estado de alerta a quien es observado.

Asimismo, Sartre dijo alguna vez que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia del otro como ser humano con conciencia e intenciones propias.

De lo anterior se entiende que naturalmente nos sentimos incómodos ante las miradas fijas a causa de no saber las intenciones que hay “detrás” de quien nos observa. No obstante, existen acciones que podemos implementar en nuestras vidas para contrarrestar esta reacción natural a las miradas y de este modo sentirnos más cómodos al momento de comunicarnos en público.

En primera instancia es importante hacer conciencia de que el interés de tu público se centra en lo que tú tienes que decirles, su atención se encuentra en tu mensaje por lo que si quieres transmitir seguridad la clave principal de un buen discurso es dominarlo a través de la práctica y la preparación. Si dominas el tema y surge alguna distracción mientras expones, no habrá mayor problema si improvisas y retomas la plática con tus ideas principales, es muy probable que tu público ni siquiera lo note.

Otra recomendación común es arribar al lugar de nuestra exposición antes de que llegue el público, esto para adaptarnos al lugar, para sentirnos más confiados. Asimismo el clásico tip de “mirar la frente de las personas y no a sus ojos” para no distraernos mientras hablamos puede ser de mucha utilidad.

Es importante también que entendamos que nuestra imagen y nuestro lenguaje no verbal transmiten mucho más que lo que podemos decir con palabras, por lo que ensayar frente a un espejo puede ser de gran ayuda.

Finalmente existen estrategias de comunicación que te pueden servir de guías para que tu mensaje sea más persuasivo y efectivo, como utilizar un lenguaje claro con frases breves, no sobrecargar de mensajes tu discurso (ya que hace que la audiencia pierda el interés o se aburra), evitar la monotonía al hablar, involucrar a tu público a la plática, refrescar la atención de tu audiencia cada determinado tiempo para evitar perder su atención, etc. Todos tenemos la capacidad de ser grandes oradores, es cuestión de confiar en nuestro desempeño, y para esto es preciso recordar que la práctica hace al maestro.

Gladys Fabiola Pérez Martínez.
Guadalajara, Jal.
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