Felicidad

¿Poseedor o poseído?

paradigma

Los paradigmas varían y se modifican de acuerdo a las experiencias particulares de vida de cada individuo. Al nacer, el ser humano se encuentra consciente en la forma más “pura” de su Ser, en el sentido de que aún no se le instruye sobre creencias religiosas, reglas, moral, valores, costumbres o tradiciones. Con el paso del tiempo, y con las enseñanzas que va adquiriendo cada persona (a través de los padres de familia, maestros, amigos, medios de comunicación, etc.) se van arraigando en el individuo actitudes e ideas que se ven influenciadas por todo un contexto externo que lo ha llevado a pensar que la vida funciona de un determinado modo.

El problema se presenta cuando las personas se aferran a sus paradigmas, esto sucede porque el ego (el “yo soy”) se alimenta de “el deber hacer” y del “deber ser” para lograr ciertos méritos personales. Por ejemplo, frecuentemente se piensa que una persona debe estudiar para estar preparado ante un mercado laboral competitivo en el cual debe sobresalir gracias a sus conocimientos y si las condiciones le favorecen, entonces logrará ser exitoso. Entonces, si un individuo implementa esta percepción de vida a sus paradigmas como una verdad absoluta, y por alguna situación o factor externo a él no logra obtener el éxito profesional esperado, su ideal se verá frustrado y con ello parte de su bienestar. Es por esta razón que vemos un gran número de casos en donde las personas se sienten atrapadas o consumidas por sus trabajos, matrimonios, relaciones familiares, etc. Y es que los paradigmas nos saturan la mente de ideales a alcanzar que no necesariamente son lo que realmente buscamos o añoramos, sino que son los más comúnmente aceptados.

De lo anterior si entendemos que los paradigmas son solamente una forma particular y limitada de percibir la vida, podremos comprender que es imposible que alguien concentre en sus conocimientos la única e inmutable verdad sobre las cosas.

Todas las etiquetas sociales, las nacionalidades, las ideologías religiosas o políticas que como sociedades nos segregan en vez de unificarnos son paradigmas claramente propagados para confrontarnos y hacernos creer que “necesitamos” de sistemas culturales, religiosos, económicos y políticos que nos rijan para que prevalezca la paz entre nosotros, y aquí es donde entra la manipulación y el abuso del poder de las esferas que “legítimamente” nos controlan. No pretendo sonar fatalista o enemiga del sistema puesto que realmente no es algo que en lo particular me robe el sueño, pero sé que comprender esta metodología de control puede liberarnos en muchísimos aspectos que tal vez no habíamos considerado antes.

Hay una frase que quizá ilustre mejor el punto que trato de abordar: “Sólo se es poseedor de aquello de lo cual uno puede desprenderse, de lo contrario no se es poseedor, sino poseído”. Si comprendemos que el apego al ego y a nuestras percepciones acotadas sobre la vida representan un fin inalcanzable e ilusorio para lograr vivir plena y satisfactoriamente, estaremos liberando una gran carga de encima. La felicidad verdadera se encuentra dentro de cada persona por más trillado que esto pueda llegar a parecer, y es en nuestra esencia y en las habilidades que nos permiten desarrollarnos plena y conscientemente lo que nos hace ser realmente felices. Muchas personas llegan a incorporar esta armonía en sus vidas a través de la espiritualidad, la meditación o ejercicios físicos, otras a través de ayuda terapéutica o pasatiempos, entre otras posibles actividades.

El punto es lograr un equilibrio interno armonioso, entendiendo que ningún factor alterno a nuestra conciencia puede definir realmente quiénes somos. Porque si continuamos viviendo en un mundo ilusorio que nos mantiene trabajando y rindiendo ante un sistema que en principio no le da valor a las cualidades internas de las personas, no cabe duda que solo podremos esperar desilusiones y frustraciones que nos aquejarán emocional y físicamente.

Gladys Fabiola Pérez Martínez.
Guadalajara, Jal.
Twitter: @glaperezm

Anuncios