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Del Neoliberalismo a la Democracia de Espectadores

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La especial inteligencia del régimen neoliberal, según el filósofo Byung-Chul Han, radica en la idea de que quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento, se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de cuestionar las fallas sustanciales de su contexto o del sistema. Por lo tanto, el neoliberalismo no permite, según Han, que surja resistencia alguna contra el sistema. Este autor afirma de igual manera, que el neoliberalismo instituye entre los individuos una rivalidad interminable, a modo de sana competición.

Hoy en día es muy común tener la aspiración de llegar a ser el trabajador que se explota a sí mismo, de querer llegar a ser “mi propio jefe”. Se busca ser el empresario que no le rinde cuentas a nadie más que su propio patrimonio, el empresario “libre” e “independiente” de hacer con su tiempo lo que desee.

El problema con este tipo de aspiraciones individualistas, a la par de otros efectos del neoliberalismo como es el consumismo, la incertidumbre laboral y económica, la era de la comunicación digital, etcétera, es que aíslan a las personas en la esfera de lo privado, las segregan en una zona segura.

La psicopolítica en este sentido es muy interesante, y es que nos ha brindado una serie de lecciones sobre cómo el ser humano es capaz de habituar su estilo de vida, sus rutinas, su biología, sus metas y expectativas al sistema rector. En el siglo XIX, el proletariado era la clase trabajadora explotada por la sociedad industrial, donde separados eran oprimidos, pero unidos eran capaces de empoderarse a tal grado de revertir el juego de poder de sus opresores. En la actualidad pocos se auto-asumen como explotados por el neoliberalismo, simplemente hay víctimas de sus circunstancias, no existe empoderamiento social porque no hay unidad, cada vez hay menos solidaridad.

Desenvolverse en la esfera de lo privado implica pasar a un segundo plano la esfera de lo público. Cuando el ser humano pierde contacto con su comunidad, con quiénes le rodean, su aislamiento le impide ver por otros, ya no le interesa el bien común. Es por esto que en la política actual, tenemos por ejemplo, a una gran cantidad de votantes con hábitos de consumidores. Ciudadanos que carecen de un interés genuino por la acción política común. Ahora la mayoría de los ciudadanos reaccionan a la política como si fuera una mercancía, como si el único deber de los políticos fuera proveer y satisfacer sus necesidades específicas, sino ¿para qué votaron por ellos?

Y es en este punto donde se puede llegar a tergiversar el concepto de participación ciudadana por muchos. Porque desde una perspectiva individualista y de ciudadanos consumidores, la participación se da en la forma de reclamos y quejas, sin propuestas sustanciales. Se vive bajo la lógica de la atención al cliente, si un servicio no cumple con mis expectativas, entonces no funciona.

Lo importante es que entendamos que los grandes cambios a través de la Historia jamás se han dado en sociedades segregadas, siempre ha habido una lucha constante detrás y el esfuerzo y el trabajo de comunidades unidas que finalmente rinden frutos. No basta con querer un cambio de gobierno, porque bajo esta lógica individualista en la que muchos viven, nunca habrá una figura lo suficientemente buena para llenar sus expectativas.

Byung-Chul Han asegura que en este entorno neoliberal, donde el sistema está blindado de la resistencia, donde la Big Data nos da una calidad estadística en vez de humana, y donde la comunicación digital nos aísla y nos distrae del presente, la democracia se ha reducido a ser una democracia de espectadores. Es por esto que quienes pretendan ser ciudadanos responsables, deben estar conscientes de que la política actual requiere de personas más solidarias, incluyentes, informadas, participativas y proactivas, pero sobre todo que trabajen en comunidad y para la comunidad.

Los revolucionarios no hacen revoluciones. Los revolucionarios son aquellos que saben que el poder está en las calles y lo pueden levantar. Hannah Arendt.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
Guadalajara, Jal.
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