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Sobre el pánico escénico

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El pánico escénico es un estado de inhibición que afecta la intención comunicacional de las personas. Éste estado es sin duda un gran inconveniente para cualquier individuo que lo padece, puesto que al ser seres sociales nos vemos obligados en diversas ocasiones de nuestras vidas cotidianas a hablar en público: en la escuela, funerales, juntas de trabajo, debates, etc.

En el libro de La comunicación no verbal de Flora Davis, la autora menciona que desde un análisis etológico, es natural que el ser humano reaccione instintivamente a situaciones donde se le observa fijamente. Esto en relación a la herencia biológica que tenemos del comportamiento de los primates. Es decir, si entendemos que el lugar al que mira una persona es el lugar que acapara su atención, entonces cuando un hombre (o un mono) mira fijamente a otro, indica que su atención está concentrada en él, pero no da señales de cuáles sean sus intenciones y esto es suficiente para poner en estado de alerta a quien es observado.

Asimismo, Sartre dijo alguna vez que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia del otro como ser humano con conciencia e intenciones propias.

De lo anterior se entiende que naturalmente nos sentimos incómodos ante las miradas fijas a causa de no saber las intenciones que hay “detrás” de quien nos observa. No obstante, existen acciones que podemos implementar en nuestras vidas para contrarrestar esta reacción natural a las miradas y de este modo sentirnos más cómodos al momento de comunicarnos en público.

En primera instancia es importante hacer conciencia de que el interés de tu público se centra en lo que tú tienes que decirles, su atención se encuentra en tu mensaje por lo que si quieres transmitir seguridad la clave principal de un buen discurso es dominarlo a través de la práctica y la preparación. Si dominas el tema y surge alguna distracción mientras expones, no habrá mayor problema si improvisas y retomas la plática con tus ideas principales, es muy probable que tu público ni siquiera lo note.

Otra recomendación común es arribar al lugar de nuestra exposición antes de que llegue el público, esto para adaptarnos al lugar, para sentirnos más confiados. Asimismo el clásico tip de “mirar la frente de las personas y no a sus ojos” para no distraernos mientras hablamos puede ser de mucha utilidad.

Es importante también que entendamos que nuestra imagen y nuestro lenguaje no verbal transmiten mucho más que lo que podemos decir con palabras, por lo que ensayar frente a un espejo puede ser de gran ayuda.

Finalmente existen estrategias de comunicación que te pueden servir de guías para que tu mensaje sea más persuasivo y efectivo, como utilizar un lenguaje claro con frases breves, no sobrecargar de mensajes tu discurso (ya que hace que la audiencia pierda el interés o se aburra), evitar la monotonía al hablar, involucrar a tu público a la plática, refrescar la atención de tu audiencia cada determinado tiempo para evitar perder su atención, etc. Todos tenemos la capacidad de ser grandes oradores, es cuestión de confiar en nuestro desempeño, y para esto es preciso recordar que la práctica hace al maestro.

Gladys Fabiola Pérez Martínez.
Guadalajara, Jal.
Twitter: @glaperezm

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