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Los “alejos” de Peña

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Hace poco más de un año tuve la oportunidad de escuchar del consultor político Alfredo Dávalos, el término “alejo”. Y es que en una clase, nos compartió este concepto de su ingeniosa creación: “los alejos”. Que son estos personajes que siempre logran aparecer en las campañas políticas y en los gobiernos, y son “aquellos que con sus consejos vuelven a los políticos más pendejos”.

Dos son las características principales de los alejos:

1.- Terminan siempre por decirle al político lo que quiere oír, le “retocan” la realidad.
2.- Terminan dañando la imagen del político, porque sus consejos tienden a ser improvisados, de su “buen juicio”, sin diagnósticos o estudios que respalden su intuición.

Hoy sobran los analistas, periodistas y políticos que han condenado tajantemente la decisión del Presidente al prestarse para ser “utilizado” con fines proselitistas por el mayor enemigo actual de México, Donald Trump. Han visto su visita a Los Pinos como un pisoteo a la dignidad de todo un país, a la dignidad de los migrantes que habitan en Estados Unidos y que hoy son víctimas del odio que ha despertado la campaña xenófoba de este demagogo Republicano.

Algunos lo han calificado como “traidor”, otros como un “estúpido” que lo arriesgó todo con la nula posibilidad de ganar algo. Y no es de sorprenderse que haya crecido el ánimo ciudadano en pedir su dimisión del cargo. Una decisión de tales dimensiones, incomprensible por la mayoría de los medios nacionales e internacionales, y por la mayoría de los mexicanos tiene su razón de ser en los alejos que rodean a Peña.

Que si fue Videgaray el que le aconsejó traer a Trump, que si fue el Jefe de Asesores, que si fue el portavoz… El hecho es que hubo una decisión tan mal planificada, tan carente de todo sentido común, con el máximo desapego a una estrategia política y comunicativa, que lo que queda claro es que solo pudo provenir de uno de los más afianzados alejos del Presidente.

Es sin duda un mal negocio tener a un alejo en el equipo. Generalmente son allegados que cuentan con toda la confianza del político, aquellos que siempre van a ver por su “bien” y bajo esta premisa se dan el lujo de desinformar al político, de presentarle información escueta, retocada o a modo para engañarlo y manipularlo a su antojo.

Otro tipo de alejos, son aquellos que se disfrazan de gurús. Los omniscientes de la política. Son aquellos ejemplares únicos por los que hay que pagar miles de pesos, dólares o euros, para que vengan a resolver con su varita mágica de inteligencia ancestral, los temas sociales y políticos más complejos y arraigados de un país.

Sin embargo la realidad es otra. En México como en cualquier otro país, las decisiones gubernamentales deberían ser propuestas por un equipo interdisciplinario, técnico, guiado por consultores profesionales, de preferencia, externos al grupo más cercano del político para contrastar opiniones sesgadas. Un equipo que más allá de operar con miras a la siguiente elección, se plantee una estrategia realista, que parta de un diagnóstico certero y que contemple el ánimo social y sus necesidades más apremiantes.

No cabe duda que Peña está rodeado de alejos, basta ver su tardía respuesta en casi todas las crisis, sus respuestas improvisadas, sus desatinos políticos, la brecha comunicacional que ha acentuado con la sociedad, etcétera.

Aquí está el reto, los políticos deben de dejar de rodearse de sus compadres y amigos, y no lo digo solo por Peña, este fenómeno se repite en todos los niveles de gobierno. Si usted es político, o aspira a serlo, no permita que sus amigos y compadres le aconsejen sobre cómo dirigir a un país. Si no son profesionales, objetivos y experimentados en el área de la consultoría política, pero además, comprenden los fenómenos políticos más complejos de su nación desde su área de expertise, aléjelos o lo van a hundir.

Con su 23% de aprobación, Enrique Peña Nieto debió haberse dado cuenta de que quienes lo rodean sólo lo están perjudicando. De que sus allegados no son políticos sino polítiqueros. No se ha dado cuenta de que está tomando consejos de relaciones exteriores de miembros que operan en otras Secretarías, no se está dando cuenta de que carece de una estrategia sólida para concluir su gobierno con la cabeza en alto, no por su imagen, sino por el bienestar de los mexicanos. Pero lo más triste de todo es que no se está dando cuenta de su realidad, porque no la ve con claridad. Pues sigue escuchando a quiénes desde un principio, no debieron asesorarlo.

Gladys F. Pérez Martínez
Guadalajara, Jal.
gperezm@live.com.mx
Twitter: @glaperezm
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Perfil Ideal del Político Mexicano

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Recientemente las controversiales declaraciones de la ahora diputada Carmen Salinas han suscitado un debate público bastante interesante. Y es que la mayoría de los críticos la acusan de ser autoritaria, ignorante y prepotente. Si bien es cierto que sus declaraciones fueron de lo más desatinado posible, por el otro lado de la moneda se encuentra la razón por la que ésta mujer hoy tiene un puesto en el Congreso: su popularidad. Tanto ella como el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, recientemente incursionan en la política del país gracias a su popularidad y afinidad con la gente. Ella por el hecho de haber sido actriz de telenovelas durante muchos años y él por haber sido uno de los mejores futbolistas de México.

En ese entendido hoy en día es evidente que no siempre los candidatos más populares son la mejor opción para representarnos. Ahí tienen a Donald Trump, otro actor popular del partido Republicano, a quien muchos describen como ignorante, prepotente y discriminatorio, y no obstante, lidera gran parte de las encuestas de opinión.

Pero, ¿Cuál es entonces el perfil ideal del político en México? Es importante reflexionar sobre esto, ya que también hemos visto que la clase política “educada” y tradicional es la que nos tiene hundidos en un país que solo favorece a las élites. Entonces, ¿qué político es mejor?, ¿un tecnócrata de clase media alta, con estudios de calidad y desentendido de la gente más pobre? o ¿un futbolista sin estudios que lo avalen, pero con tanta popularidad que a la gente no le importe su desempeño en el gobierno?

El perfil político que México necesita es un perfil de servicio público. Es decir, que no ostenten el poder personas que busquen cargos públicos por ambición o porque su popularidad lo permite. Y es por esto que los mexicanos necesitamos urgentemente dejar de caer en la indiferencia de pensar que “todos los políticos son iguales”, y por lo tanto dejar de votar y no darle importancia a quien nos gobierna.

No es lo mismo Blanco a Kumamoto, ambos electos en el mismo panorama de desafección política, pero en el caso de Kumamoto se denota una clara vocación de servicio en donde por ejemplo, comparte públicamente su celular –y lo atiende- para generar un vínculo de cercanía con la ciudadanía y donde más allá de explotar su popularidad, se rodea de personas expertas para profesionalizar su trabajo. Hasta el momento Kumamoto no se ha visto tan incluyente con las clases sociales más desfavorecidas, sin embargo cuenta con metas y un proyecto definido para su gestión de gobierno y es un político con disposición de escuchar y de atender a quien desee contactarlo.

No existen políticos perfectos, pero lo importante es que quienes ejerzan cargos públicos lo hagan con espíritu de servicio. No es posible que en el país sigamos reciclando a los mismos personajes políticos que se han dedicado a engañarnos, robarnos y mentirnos, votando por ellos primero para una diputación, luego para una Presidencia Municipal y luego para una Gubernatura.

La esperanza y las expectativas del país se encuentran hoy centradas en las candidaturas independientes. Pero entendamos que el desempeño de cualquier político –independiente o no- depende en gran medida de nuestro nivel de incidencia en su trabajo. Es decir, participar con el político durante su gestión de gobierno. Contactarlo cuando se deba, participar en las convocatorias ciudadanas, exigir que cumpla con sus propuestas y si no cumple o no es servicial, entonces exponerlo y castigarlo con nuestro voto. Recordemos a Platón: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernados por los peores hombres”.

Cuando existe vocación de servicio en una persona es evidente. Si un político quiere mejorar su entorno y la calidad de vida de su gente, brinda las condiciones reales para que esto suceda de la mano no solo de expertos, sino también de las personas. Pero, cuando un político se engancha con el poder por razones ajenas al bienestar común, es cuando tiene en la mira su siguiente puesto sin antes haber cumplido con sus responsabilidades en el primero. Es por esto que la reelección en México es un arma de doble filo, ya puede reelegirse tranquilamente un personaje popular o mediocre en su desempeño, si la gente es lo suficientemente desinteresada como para permitir que así suceda.

Entonces el perfil ideal del político en México debería ser para gobernantes que estratégicamente se rodeen de expertos –nadie es todólogo-, que cuenten con un plan realista de acciones de gobierno y que las cumplan, que sean cercanos a las personas y que les proporcionen herramientas para incidir en su trabajo público. Y por último, que sus valores siempre se encuentren dirigidos a favorecer al bien común. Cuando los políticos generan resultados y cumplen sus compromisos es cuando son verdaderos candidatos a reelegirse o para aspirar a puestos de mayor responsabilidad. Es nuestro deber vigilar que así sea.

El mayor castigo para quienes no se interesan en la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan. Toynbee.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
Guadalajara, Jal.
Twitter: @glaperezm

El político del “cambio”

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En México la mayoría de las personas quiere un cambio en la política del país. Si hacemos memoria podremos recordar que Fox era un simbolismo de cambio y alternancia para México hace algunos años. Y haciendo uso de su carisma popularizó su mensaje rector de campaña en frases como: “el cambio es hoy, hoy, hoy”. Pero, ¿por qué finalmente ese cambio no nos terminó de convencer?

Resulta interesante analizar algunas de las técnicas comunicativas que utilizó Fox para posicionar su exitosa campaña política, misma que lo llevó a ser Presidente. En principio, logró diferenciarse del resto de los políticos tradicionales. Vicente Fox era el candidato de las botas y el bigote del macho mexicano. En la campaña, Fox supo manejar muy bien la identidad de su personaje y se mantuvo siempre relacionando su discurso al mensaje principal de su campaña: “el voto del cambio”.

Es importante mencionar que los elementos distintivos de la imagen de Fox como el bigote, las botas, la ropa y el sombrero que utilizaba en la mayoría de las ocasiones, eran elementos con los que la mayoría de los mexicanos de las clases más populares se podían identificar. “Yo soy de rancho”, presumía orgulloso Fox ante los medios. Supo crear ese efecto espejo en el cual era posible que gran parte de los ciudadanos se vieran reflejados en su imagen, lo que le otorgaba credibilidad y bastante popularidad.

(Cualquier parecido al Bronco es mera coincidencia)

¿Cuál fue el problema con Fox una vez que ganó las elecciones?, es sencillo. La idea que nos ofreció de “cambio” como tal, carecía de valor. En el caso de Fox, su Presidencia trajo consigo únicamente una alternancia partidista, ese fue el gran cambio. No dio un valor agregado a este concepto y es por esta razón que su administración terminó siendo una gran desilusión.

La idea de un cambio de gobierno por sí misma genera expectativas de traer consigo nuevos y mejores resultados de gestión. Pero, ¿por qué algunos políticos logran cimentar mejor la ideología del cambio que otros?

La clave radica en el contenido de valor que compone al “cambio” de gobierno. Por ejemplo, Fox y Obama, ambos explotaron el cambio como insignia de campaña. Pero Obama se dedicó a crear la acepción de “cercanía con la gente” a su cambio de gobierno. Y esta cercanía es lo que ha difundido cada que puede y lo ha hecho bien. Ha logrado que el norteamericano común se identifique con él en sus valores familiares, sociales, deportivos, de trabajo, etcétera. Obama cae bien, se le percibe como un padre y esposo amoroso, un tipo ordinario como cualquiera. Si dejamos de lado ideologías políticas, aciertos y errores en su gestión, se puede entender que Obama representa cercanía y humildad. Él supo darle contenido de valor social al concepto de cambio en términos de comunicación.

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Fotografía del Facebook de Barack Obama en                                         Fuente: Google
conmemoración al cumpleaños de Michelle.

En cambio a Fox, el “Presidente del cambio en México” ¿cómo lo recordamos hoy?… ahí siguen las botas, es todo. No generó valor. No logró asociar su cambio con ningún valor de los mexicanos.

Es por esta razón que difícilmente un tipo como Donald Trump, que lejos de comunicar valores sino que hace todo lo contrario, lograría posicionarse como un Presidente líder y distinto al resto. Si una figura política no refleja los valores de su sociedad entonces no impacta para bien, no genera cercanía con la gente y por lo tanto no se le asocia con ningún cambio por más que lo predique en sus discursos.

No olvidemos que todo comunica. Los mexicanos queremos identificarnos con nuestros políticos, primeramente a través de valores compartidos como la familia, la vocación de servicio, la honestidad, la humildad y la cercanía a la gente. Los políticos en México siguen siendo muy tradicionales, no solo en su imagen sino en su forma de comunicar y eso genera desconfianza.

Ya no queremos políticos que prometen ser el cambio que necesitamos para luego seguir siendo y haciendo más de lo mismo. Eso ya nos crea disonancia en todos los sentidos. Queremos ver políticos más humanos, más cercanos y con voluntad de trabajar con valores. Eso es todo. Nuestros políticos tienen que animarse ya a comunicar esto sin miedos, dejando de lado los tradicionalismos y los discursos trillados, ya no funcionan.

Queremos políticos de valor, no de palabra.

Gladys Fabiola Pérez Martínez
Guadalajara, Jalisco.
Twitter: @glaperezm